La paradoja de los extremos y su relación con el populismo

01.06.2020

En 1789 en la Asamblea Nacional en Versalles, a la derecha del Presidente se sentaban los diputados de la Gironda, un partido moderado que promovía el veto del Rey a las decisiones de la Asamblea; a su izquierda se sentaron los jacobinos, que se opusieron a ese veto y defendían la instauración de una república. Aquí se origina el fraccionamiento de izquierda-derecha asociada al cambio político y a los que se le oponen.

Aunque es habitual calificar las ideologías de acuerdo a esta posición que define a la derecha como conservadora y a la izquierda como revolucionaria, hoy día el ordenamiento de partidos y organizaciones obedece a un espectro político más amplio condicionado a posturas que van desde lo social a lo económico. Bobbio (1995) señala que izquierda y derecha no se refiere solo a ideologías y que su significado denota también intereses y valoraciones. En tal sentido, es usual asociar que la izquierda promueve la intervención del Estado en la economía, mientras que la derecha considera que el Estado debe abstenerse de involucrarse en la misma. Por contraposición, en relación a los asuntos éticos, la derecha adopta una postura conservadora que defiende valores como la familia tradicional, la religión y las buenas costumbres, y la izquierda promueve transformaciones sociales como la liberación sexual y la diversidad cultural.

Sin embargo, históricamente muchas posturas consideradas de derecha en un determinado momento social, lucen como posturas de izquierda; la lucha de la burguesía contra el absolutismo pone a la burguesía en una postura de izquierda que lucha por cambiar el estatus quo. En tal sentido, señala Rodríguez Araujo (2002), que la identificación de la derecha con el conservadurismo y la izquierda con el progresismo no explica nada, salvo en algunas circunstancias específicas, por lo que su definición debe ir más allá de una postura o partido, y referirse a un momento histórico y una realidad concreta.

Ahora bien, esta distinción entre izquierda y derecha no excluye la existencia de posiciones intermedias o de centro. Bobbio (1995) establece que la definición del centro facilita diferenciar entre uno cercano a la izquierda o centro izquierda y uno cercano a la derecha o centro derecha, de tal modo que una izquierda o derecha que se acerca al centro podría definirse como moderada. La izquierda moderada, ya sea el socialismo o la socialdemocracia, y la centro derecha, comparten características comunes inclinadas al reconocimiento de la democracia como medio para dirimir sus conflictos; por contraposición, las posturas que se alejan del centro pueden definirse como extremas e intransigentes.

Los extremos del espectro a pesar de ser contradictorios entre sí, comparten algunas características en sus planteamientos relacionados a la intolerancia con la otra parte e incluso con la disidencia dentro de su grupo, la satanización de cualquier acuerdo y en general el nacionalismo exacerbado y la tolerancia al uso de la violencia para la consecución de sus fines.

Algo semejante ocurre con el populismo, definido por Margaret Canovan como una manifestación de la faceta redentora -por oposición a la pragmática- de la democracia, el populismo plantea dividir a la sociedad entre oprimidos y opresores, representando al líder como salvador del pueblo, reduciendo las instituciones por considerarlas un obstáculo en la relación pueblo-líder y apelando a la voluntad del pueblo por encima de las reglas de juego de la democracia.

Al respecto, un planteamiento político fundamentado en una ofensiva contra el establishment con la concepción de sustituirlo con una nueva clase política y con énfasis en un nuevo líder que surge del pueblo, es una señal clara de populismo. El populismo en Latinoamérica construye sus discursos en base a los desprotegidos y los pobres en contra de las oligarquías, mientras que en el caso norteamericano y en algunos países europeos, se construye en términos nacionalistas y anti-inmigrantes.

Latinoamérica, durante la primera y parte de la segunda década del siglo XXI, estuvo dominada por gobiernos socialdemócratas y populistas de izquierda que surgen y escalaron en el poder por el descontento de los ciudadanos frente a la decadente situación económica, social y política, y que , acompañados de un discurso fuertemente populista desemboco en casos que van al extremo como el de Venezuela, Bolivia, Argentina y Brasil, mientras que a partir del 2015, esa izquierda cede espacios debido a la insatisfacción de los ciudadanos que demandan mayor transparencia, una verdadera lucha contra el flagelo de la corrupción en el continente, y la reducción de las elevadas tasas de violencia que ubican a la región como una de las más violentas del mundo.

La tendencia entonces en los últimos años, ha radicado en elegir administraciones de centro derecha, destacando Chile, Argentina y Colombia; mientras que en países como Ecuador y Uruguay cuyos líderes estaban inclinados a la izquierda, fueron electos líderes de igual ideología pero ideológicamente ubicado más al centro que su predecesor.

Sin embargo, en Brasil y México, resultaron victoriosos Bolsonaro y López Obrador. Ubicados en ejes opuestos del espectro político, se presentan como outsiders y señalan su intención de salvar a sus países y cambiarlos de raíz, con la idea de que sus figuras pueden estar por encima de las instituciones, discurso que tiene similitudes con el de Trump en Estados Unidos. Resulta paradójico pero ciertamente lo mencionado sirve para ejemplificar las similitudes que tienen ideologías contrapuestas en relación al populismo y las razones por las que los ciudadanos eligen gobiernos ubicados muy al extremo del espectro.

Es primordial trabajar desde todos los espacios para que la política sea entendida como un medio para dirimir los conflictos que a lo largo de la historia se presentan en la sociedad. En este sentido, la realidad nos impone un cambio de paradigma que supone entender y asumir el conflicto y las diferencias como una consecuencia natural e inevitable de la diversidad, y a partir de allí avanzar en el uso de la política, el dialogo y la negociación como herramienta para lograr consensos que se traduzcan en mayores beneficios para la colectividad, fortaleciendo la instituciones de manera tal que la sociedad desconfié de la política demasiado ideologizada y que los extremos encuentren en la democracia barreras que les impidan perpetuarse en el poder en base a discursos que prometen sociedades utópicas.

Bibliografía.

Bobbio N., (1995) Derecha e Izquierda, razones y significados de una distinción política. Santillana S.A. Taurus. Madrid, España.

Rodríguez Araujo O. (2002) Izquierdas e izquierdismo siglo XXI editores, S. A. D.F. México.

González Ferrer, (2013) Izquierda y derecha: formas de definirlas, el caso latinoamericano y sus implicaciones. https://revistas.usal.es/index.php/1130-2887/article/view/alh20136579105/11856

Diego Badillo, (2018) En América Latina vemos debacles de derecha e izquierda https://www.eleconomista.com.mx/politica/En-America-Latina-vemos-debacles-de-derecha-e-izquierda-Guillermo-Guajardo-20181110-0002.html

López Pérez, (2018) El mapa político de Latinoamérica va hacia el centro. https://www.portafolio.co/internacional/el-mapa-politico-de-latinoamerica-va-hacia-el-centro-519084

Hirschsprung N. (1989) El vocabulario de la revolución Francesa. https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/2180531.pdf

© 2020 César Moros. Todos los derechos reservados.
Creado con Webnode
¡Crea tu página web gratis! Esta página web fue creada con Webnode. Crea tu propia web gratis hoy mismo! Comenzar